El parto de Lua, poderosa transformación

En el 2017, Javi y Tatán se fueron a anidar a San Fabián, donde la Javi arrendaba hace algún tiempo una casa. Estaban esperando a Lua, concebida en plena producción del disco “Unita”. Al pie de las montañas, vivieron los últimos meses de un embarazo que fue todo amor y paciencia.

La Javi llevaba años haciendo un camino de sanación y conexión con su lado femenino, así lo canta en “La falda” de su disco Matriz: “Ponte en cuclillas, recuerda ay mama, puja y respira la Pacha esta acá..." Decidir tener a la Lua en casa, en San Fabián, fue parte de ese camino.

Un día caluroso de Enero, temprano en la mañana llegaron las matronas, Pía y Nicole. Las contracciones habían empezado en la madrugada y ya faltaba menos para el nacimiento. Su casa estaba calentita, solo los indispensables presentes: Tatán y las matronas respetuosas. Afuera, el silencio amoroso de las familias vecinas que la acompañábamos a la distancia.

El trabajo de parto fue intenso, transformador. La Javi fuerte, valiente, empoderada y entregada totalmente al trance del parto, enfrentando sus miedos y dejándose llevar. Al comenzar la tarde, entre el poder de las contracciones cada vez más intensas, más poderosas, nació Lua, esa pequeña mariposita que irradia alegría y ternura. Esa tarde también nació una nueva mujer, ahora transformada en madre.

Recuerdo que para quienes los acompañábamos desde nuestras casas, el silencio fue la señal de que el parto había terminado. Cuando los gritos se transforman en risas y llanto silencioso, besos y miradas llenas de felicidad, cuando el dolor da paso a éxtasis de amor.

En palabras de Violeta, doula y vecina, “Recuerdo ese momento en el que nos llamaron, ya habían nacido y Javi tenía hambre. Les llevamos la comida y nos invitaron a entrar en ese espacio sagrado, donde aún se sentía el dolor, se sentía la fuerza y el valor de haber parido y haberse parido a sí misma. Ese olor a sangre, a tierra, a vida. Ese olor a Lúa, a Javi, a Tatán. Ese olor a familia que renace“.

Casi dos años después de ese día, la Javi comenzó a sufrir fuertes dolores articulares, inexplicables. Al igual que soportó los dolores del parto, soportó los dolores de la enfermedad que después de meses se mostraría: Leucemia mieloide aguda. Con la misma valentía y coraje con que vivió el parto, está hoy viviendo el proceso del tratamiento: entregada y confiada, segura que ésta solo será una etapa más de transformación.

Por Consuelo Fuentes

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