Canto por necesidad – parte I

La primera vez que vi y escuché a la Javi, fue el año 2010 en una de esas maravillosas tardes primaverales en el Limbo Espacio Cultural. Estaba junto a Abya Yala entonando canciones conscientes como única mujer de la banda con especial carisma y profundidad. Cantaba canciones como Lento y Violeta, dos composiciones que luego quedaron inmortalizadas en el álbum Cambia (2011) y que ya adelantaban de forma temprana su capacidad reflexiva tanto a modo personal como en cuanto a las necesidad de promover transformaciones sociales. En especial, Lento marcaría un precedente musical en su forma de enfrentar la vida. Por ese entonces, no hay quien la haya visto cantar y no haya atesorado en su conciencia:

“... revolución, con calma y actitud, sólo el amor, nos lleva a la amplitud…”

Su garganta ya comenzaba a sangrar, pues el canto en la Javi, siempre ha sido un canal. Un canal para expresar, para despertar espíritus dormidos y para sanar a otros y a sí misma. Así nació Matriz (2013), su primer álbum de composiciones propias en el que desnuda sus procesos guturales en una especie de acto psicomágico de sanación personal.

El disco comienza con Bonita, hermosa y tierna canción que podría llevar a cualquier persona que escucha el álbum por primera vez a pensar que Javiera es de esas compositoras que te llevará de paseo por campos floreados de sonrisas permanentes. Su dedicatoria a Sabina, esa niña con pelito coloreado en challa, tal vez haya significado no solo la lúdica presencia de su niña interna sino también el despertar de su yo madre que luego se haría vida junto al Tatán y su amada Lua. Pero el inicio es solo un amague pues el álbum nos navega por intensos sentires, por el claroscuro que significa la vida misma en su máxima expresión. Un relato íntimo que habla de la necesidad del cantar y el canto como estrategia de supervivencia.

En Vos se comienza a asomar la idea de la música como medicina. Como si el escribir y cantar fuesen los cicatrizantes de una juventud dolorosa, aun así ante la platónica idea del amor:

 

“… en mi traigo cicatrices, pentagramas para mi liberación…”

 

Luego entra Furia Estéreo, entra como un puelche de esperanza, intensidad y valentía. Recuerdo que cuando vivíamos juntos en la mítica embajada a veces me decía ya canessín, que canción quieres escuchar? Y yo siempre le pedía Furia Estéreo, en ese entonces mi favorita y que pese a que me costaba entender la letra, me acariciaba a través del arreglo de las guitarritas danzando como golondrinas en apareamiento.

Luego con La Falda la Javi nuevamente hace un llamado a la maternidad, como si estuviese prematuramente amasando su anhelo de madre refiriéndose específicamente al parto como hito sagrado de la mujer, haciendo un llamado a vivirlo de forma natural e invitando al hombre a acompañarla sabiamente. En Otra Vez pareciese que la Javi manifiesta indirectamente parte del proceso de construcción de su propia identidad, despojándose de aquello que no le pertenece y hablando sobre el amor como motor esencial de su andar así como de las trampas que su propia mente le ha ido tendiendo en su camino:

 

“… si alguna vez, me ves caer, son tantos rebotes que doy una, otra vez,

si alguna vez, me ves caer, ayuda a liberarme pronto de la piel…”

 

Escucho estos versos mientras pienso en la Javi dando batalla contra ésta Leucemia y la admiro, pues pese a lo duro que resulta todo, la escucho, la siento con calma y actitud y la verdad, no la veo caer. La veo expandirse dispuesta a lo que venga. Y sé que en estos momentos se sostiene por sí misma y por todas las personas que la aman, pues como recita en Siento Rimas:

 

“… es tanto lo que siento hoy, es tanto lo que siento acá,

éste es el núcleo de la operación, familia!...”

 

Y es que estamos todos unidos, familia biológica y no biológica, pensándola, amándola, escuchándola y confiando en su poder y fortaleza. Todos consientes, tal cual queda expresado en Espejo cuando nos dice de forma simple pero categórica:

 

“… en la unión, el poder… yo decido lo que atraigo a éste mi presente...”

 

Ha pasado el tiempo desde que nació Matriz. Y con el tiempo, muchos de estos sentires imagino que fueron quedando en un frasco con su respectiva fecha de elaboración. Esto me pasa cuando oigo Reviento y aunque igual se me revienta el corazón al escucharla, me emociona la entrega implícita que significa aceptar tanto la vida como la muerte. Como sabiéndose desde siempre tierra, polvo y paz. Hoy la vuelvo a escuchar y la siento lejana pues sé que la Javi de hoy, cuando encuentra negra la vida, enciende su faro color naranja a los pies del Malalcura.

Energía Fulminante se encarga de devolver la confianza que todos tenemos en su fortaleza y en el hecho de que no se rendirá. Y no por terca sino porque finalmente pareciese que hoy está encontrando esa llave perdida para sanar tantas heridas ocultas que hoy parecen regenerarse con la fuerza del amor y la nutren de una nueva energía para una recuperación integral. Está grande la Javi. Es madre, compañera, amiga, hija, hermana, artista y aun tiene mucho por vivir y compartir. Cada cosa a su tiempo:

 

“… Antes de ir, me sanaré despacio…”

 

Manifiesto que se empodera en Guión, esta vez con especial gracia y coraje:

 

“… Existe vida acá, la madre respira y miro más allá de la tormenta… la fe en mí está… bendito instante para sanar…”

Cierro los ojos y la veo cantando Extremos de mis Pies con ese aire juguetón, como cantando al tiempo que toca la guitarra y dobla los extremos de sus pies, con esa mirada media en diagonal, con las cejitas hacia arriba, cocoroca y hasta un poco traviesa, como sabiendo desde siempre que su música ha sido un mensaje para todas y para todos y que en este momento, es tremenda carta para ella misma. Y ojo, que esta carta no acaba aquí. Viene con post data.

 

Por Tino Canessa

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